Guillermo Brown ya no toca fondo: lo perfora. Este domingo, en un estadio Raúl Conti semivacío y marcado por la indiferencia, cayó 1-0 ante Cipolletti. El equipo de Puerto Madryn repitió los errores de siempre, protagonizando una campaña que roza lo catastrófico. El único gol, convertido por Gonzalo Lucero a los 12 minutos, fue suficiente para sellar una nueva frustración.
La derrota —por la fecha 12 de la Zona 1 del Torneo Federal A— no hizo más que reflejar lo que ya es un hecho: Brown está roto. Mientras Cipolletti lidera con autoridad y convicción, La Banda agoniza en el fondo de la tabla. Apenas suma 10 puntos. El descenso, que antes era un riesgo, ahora es una amenaza concreta.
Ni siquiera el debut como local de Emanuel Trípodi en el banco alcanzó para sacudir a un equipo apático. Los errores defensivos, la falta de peso ofensivo y la ausencia total de carácter son una constante preocupante. Partido tras partido, Brown repite el mismo libreto y el final es siempre el mismo.
A todo esto, el malestar con la dirigencia crece. Las decisiones erráticas, la falta de refuerzos de jerarquía y la desconexión con el hincha empujaron al club a una crisis profunda. Solo un puñado de simpatizantes se hizo presente en el Conti, reflejo del desánimo y la desilusión generalizada.
La próxima fecha será una verdadera final ante Sol de Mayo en Viedma. Pero si este presente no se revierte de forma urgente, Brown no solo seguirá perdiendo partidos: puede perder la categoría.
