Audios, contratos millonarios y allanamientos desnudan la asociación ilícita que compromete a Javier Milei, Karina Milei, Eduardo “Lule” Menem y empresarios ligados al saqueo del Estado.

Lo que hoy estalla con denuncias, allanamientos y audios comprometedores no es un accidente, ni un exceso individual. Es un plan de robo programado, un esquema de corrupción diseñado desde el corazón mismo de la Libertad Avanza.

Las coimas no fueron un hecho aislado: fueron el método. Afano puro, organizado y sostenido desde el Estado para beneficiar a un puñado de funcionarios, familiares y empresarios amigos. Los audios filtrados desmantelan la trama y dejan al desnudo cómo funcionaba la maquinaria delictiva que hoy compromete directamente al presidente Javier Milei, a su hermana Karina Milei —señalada como jefa de la estructura—, a Eduardo “Lule” Menem, y al propio Diego Spagnuolo.

El engranaje empresarial aparece representado por Eduardo Kovalivker, dueño de la droguería Suizo Argentina, acusado de ser parte del sistema de retornos que financiaba a la banda. Todo bajo la figura de delitos gravísimos: defraudación por administración fraudulenta, estafa, asociación ilícita, cohecho, cohecho activo y negociaciones incompatibles con la función pública.

Mientras el Gobierno recortaba beneficios a las personas con discapacidad y ajustaba sobre los sectores más indefensos, al mismo tiempo montaba un circuito paralelo de saqueo institucionalizado. No hablamos de desprolijidades, hablamos de delincuencia organizada desde la cúspide del poder.

Milei es responsable. No puede simular desconocimiento ni esconderse detrás de sus eslóganes libertarios. El escándalo lo rodea, lo involucra y lo desnuda como lo que es: el líder político de una asociación ilícita que convirtió al Estado en caja personal.

El silencio de los aliados políticos que lo sostienen solo profundiza la complicidad. El proyecto de “libertad” terminó siendo un sistema de corrupción planificada.

La casta no fue derrotada: se reconfiguró en torno al mileísmo y sus socios. Y lo hizo con la modalidad más ruin: robándole a los discapacitados.

La historia no olvidará este capítulo. Y la Justicia tampoco debería hacerlo.

Jorge Fernando Moll/Digital Chubut

error: Este contenido esta protegido