La reaccion menos esperada llegó de gremios con tradición dialoguista y de acuerdos y salarios históricamente en línea con las necesidades de cada gobierno.
La decisión del Gobierno de utilizar el salario como ancla inflacionaria detonó la rebelión menos esperada: los sindicatos tradicionales de la CGT, en particular los “gordos” de los grandes gremios de servicios, acordaron insistir con las subas pactadas con sus contrapartes patronales en línea con el costo de vida y a pesar de que la Secretaría de Trabajo avisó que no las homologará. Así lo hizo saber este martes la Federación de Comercio (Faecys) en medio de una negociación tensa con el Ejecutivo por un incremento trimestral pactado con las cámaras mercantiles, que formalmente es de 5,4% en total pero trepa a 9,6% si se toman en cuenta rubros no remunerativos.
La paritaria de Comercio se posicionó como la más tensa. Por un lado, por tratarse del gremio más numeroso, con al menos 1,2 millón de trabajadores regidos por el convenio colectivo de la actividad, y por otro, por su incidencia clave en el plan oficial para aminorar la inflación. Es que en esa iniciativa Javier Milei encontró como aliados a los supermercadistas, los mismos que rechazan la suba de 9,6 por ciento. La Asociación de Supermercados Unidos (ASU) fue responsable de rebotar las primeras listas de precios con aumentos luego de la devaluación que se produjo con la modificación del esquema cambiario.
El Destape
