Un estudio analiza la transferencia de toxinas desde el fitoplancton hacia depredadores tope durante la primavera de 2022. Los resultados identifican al mesozooplancton como un vector crítico y documentan, por primera vez en la región, la exposición fetal en lobos marinos.

En la primavera de 2022, el Golfo Nuevo, ubicado en la provincia de Chubut, fue escenario de una floración algal nociva, conocida popularmente como marea roja. Si bien estas floraciones son recurrentes en la zona, el evento de ese año fue particularmente intenso y coincidió con la muerte de 30 ballenas francas australes (Eubalaena australis) y con un evento de mortalidad en lobos marinos. Un grupo de especialistas del CONICET, integrado por Valeria D’Agostino, Mariana Degrati y Ariadna Nocera, del Centro para el Estudio de Sistemas Marinos (CESIMAR, CONICET), junto a Valeria Guinder y Carola Ferronato, del Instituto Argentino de Oceanografía (IADO, CONICET), documentó la transferencia trófica de estas toxinas a través de la red alimentaria marina y su llegada a depredadores tope, como ballenas y lobos marinos. Además, el estudio recopiló información sanitaria local que permitió contextualizar el evento en relación con posibles implicancias para la salud pública.

El evento inicial

Las Floraciones Algales Nocivas marinas (FAN) son eventos naturales causados por especies de fitoplancton capaces de producir toxinas que pueden afectar tanto a los organismos marinos como a los seres humanos. Durante estos eventos, las toxinas pueden ingresar a la red trófica a través de organismos filtradores, zooplancton y peces planctívoros, lo que representa riesgos considerables para la fauna marina, la salud humana y la seguridad alimentaria.

A principios de la primavera de 2022, se registró en el Golfo Nuevo una floración dominada por el complejo de dinoflagelados Alexandrium catenella/tamarense, productor de toxinas paralizantes de moluscos. En ese período, entre el 24 de septiembre y el 11 de octubre, se registró la muerte de 30 ballenas francas australes, incluyendo 28 adultos y dos juveniles. Ante esta situación, las científicas examinaron la transferencia trófica de toxinas desde el fitoplancton hasta los depredadores superiores con el objetivo de evaluar su presencia, transferencia y acumulación en distintos componentes de la red trófica.

“Justo un día antes de que se reportara la primera ballena muerta, el 23 de septiembre de 2022, observamos varias ballenas francas australes alimentándose activamente en la superficie, en la misma zona donde pronto se produciría la mortalidad. Al día siguiente se registró el primer ejemplar muerto. Ese momento marcó el inicio de un evento que, en última instancia, resultó en la muerte de 30 ballenas en tan solo unas semanas. Para nosotros, esto no solo generó preocupación, sino que también representó una oportunidad para comprender un proceso que venimos estudiando desde hacía años: la transferencia de toxinas a través de las redes tróficas marinas”, explica Valeria D’Agostino, investigadora del CESIMAR, en el CENPAT de Puerto Madryn.

De los microorganismos a las ballenas

Con el fin de investigar la transferencia trófica y la exposición de los mamíferos marinos a las ficotoxinas, se analizaron niveles de toxinas paralizantes de moluscos, ácido domoico y toxinas lipofílicas, comúnmente conocidas como toxinas diarreicas de moluscos. El estudio abarcó muestras de fitoplancton, mesozooplancton, cholgas, peces pelágicos y mamíferos marinos, recolectadas en el Golfo Nuevo entre finales del invierno y la primavera de 2022.

Los niveles de toxinas fueron elevados tanto en el fitoplancton como en el mesozooplancton, lo que confirma que este último actuó como un vector clave en la transferencia hacia niveles tróficos superiores, incluidos peces y mamíferos marinos. En particular, los mayores niveles en el mesozooplancton se registraron en áreas donde se observaron ballenas alimentándose activamente el 28 de septiembre de 2022.

Además de documentar la presencia de toxinas en la red trófica, el estudio detectó toxinas paralizantes de moluscos en muestras fecales recolectadas de ballenas vivas después del evento de mortalidad masiva ocurrido entre finales de septiembre y principios de octubre en el Golfo Nuevo. Este hallazgo evidencia una exposición subletal en individuos vivos.

En paralelo, durante el mismo período se registró un evento de mortalidad masiva en lobos marinos de un pelo (Otaria flavescens) asociado a saxitoxinas, un grupo de neurotoxinas muy potentes dentro de las toxinas paralizantes de moluscos. Los resultados revelaron, además, transferencia materna, ya que se detectó la presencia de estas toxinas en fetos de hembras preñadas, lo que sugiere que la exposición no se limita a los ejemplares adultos, sino que también puede alcanzar a las crías durante la gestación.

Impacto en la comunidad

Pero la afectación por estas toxinas no se limitó a la fauna marina. El equipo de investigación del CENPAT también recopiló información del hospital local de Puerto Pirámides y del Programa de Monitoreo de Algas Nocivas, perteneciente a la Secretaría de Pesca de Chubut, para identificar posibles casos de personas con signos clínicos asociados a este evento. Durante este período, aproximadamente el 10% de la población local de Puerto Pirámides buscó atención médica por síntomas gastrointestinales. Si bien no se puede establecer un vínculo causal directo, la coincidencia temporal con la floración resalta las posibles implicancias de estos eventos para la salud pública.

“Este estudio proporciona evidencia de campo, poco común, sobre cómo las toxinas se mueven a través de un ecosistema marino casi en tiempo real. En lugar de mediciones aisladas, pudimos conectar múltiples componentes de la red trófica y documentar cómo se propaga la exposición”, expresa D´Agostino y agrega: “Eventos como este resaltan la necesidad de un monitoreo continuo e interdisciplinario que integre oceanografía, ecología, toxicología y salud pública. A medida que las condiciones ambientales continúan cambiando, las floraciones de algas nocivas pueden volverse más frecuentes e intensas, aumentando el riesgo tanto para la vida silvestre como para las comunidades humanas. Para nosotros, este trabajo subraya una idea simple pero poderosa: los procesos que comienzan a nivel microscópico pueden tener consecuencias que alcanzan incluso a los animales más grandes del océano”.

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