El cierre de 2025 volvió a dejar una certeza incómoda para millones de argentinos: bajo el gobierno de Javier Milei, los salarios siguen perdiendo frente a la inflación. A pesar de los discursos oficiales que prometen orden macroeconómico y una supuesta recuperación futura, la realidad cotidiana demuestra que el ajuste continúa recayendo, una vez más, sobre los ingresos de los trabajadores.

En noviembre, los salarios aumentaron apenas un 1,8%, muy por debajo del 2,5% que marcó la inflación según el Indec. La consecuencia es clara y directa: una nueva caída del poder adquisitivo que profundiza la crisis social y económica. No se trata de un dato aislado ni circunstancial, sino de una tendencia que atraviesa a todos los segmentos laborales y confirma que el “sinceramiento” económico promovido por el Gobierno no vino acompañado de ninguna política real de protección al salario.

Aunque en términos interanuales los ingresos muestran una suba del 40,3%, ese número es engañoso si no se lo contrasta con una inflación acumulada que licuó gran parte de los ingresos. En los hechos, los trabajadores compran menos, llegan con dificultad a fin de mes y ven cómo se deteriora su calidad de vida mientras el Ejecutivo insiste en celebrar estadísticas que no se reflejan en la mesa familiar.

La promesa libertaria de que el ajuste sería transitorio y que el mercado traería alivio no se cumple. Por el contrario, el modelo económico de Milei consolida una transferencia regresiva de ingresos, donde los salarios pierden y los sectores concentrados resisten mejor el impacto. Sin una recuperación genuina del poder adquisitivo, no hay reactivación posible ni estabilidad social sostenible. El problema ya no es la herencia: es el rumbo elegido.

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