El peronismo de Chubut parece decidido, una vez más, a caminar hacia el mismo precipicio político. Lejos de abrir las puertas a la renovación, a nuevas figuras y a dirigentes con capacidad real de reconstruir un espacio competitivo, vuelven a aparecer los mismos nombres, las mismas caras y las mismas recetas que llevaron al justicialismo a las peores derrotas de los últimos años.

En Puerto Madryn, el escenario dejó una señal contundente que muchos dentro del PJ prefieren ignorar. La presencia del diputado nacional Juan Pablo Luque generó más rechazo que entusiasmo. Su paso por la ciudad estuvo lejos de mostrar fortaleza política: dirigentes gremiales, militantes históricos y referentes peronistas repudiaron sus declaraciones cuando apuntó contra Ricardo y Gustavo Sastre. El clima se volvió tan adverso que terminó retirándose en medio del malestar generalizado de los propios peronistas madrynenses.

Pero el problema del justicialismo en Puerto Madryn no se limita únicamente a Luque. Los dueños de las derrotas son varios y tienen nombre y apellido. Durante años, dirigentes como Carlos Eliceche y Nancy González fueron protagonistas centrales de un peronismo que perdió fuerza, credibilidad y conexión con gran parte de la sociedad. Sin embargo, lejos de dar un paso al costado, vuelven a aparecer intentando conducir un espacio político que no logra salir de la crisis.

El problema es que muchos de esos dirigentes no representan renovación ni futuro. Representan derrotas, divisiones internas y una forma de hacer política que agotó a la militancia y alejó a los votantes. No suman. Restan. Y aun así, pretenden seguir ocupando lugares de decisión mientras el PJ continúa perdiendo terreno en la ciudad.

Mientras la sociedad reclama autocrítica, renovación y dirigentes con capacidad de construir consensos, algunos sectores del justicialismo parecen encerrados en una lógica de supervivencia personal. Se abrazan entre los responsables de las derrotas, se reparten espacios y buscan recuperar poder sin haber entendido por qué la gente les dio la espalda.

En Puerto Madryn quedó claro que una parte importante del peronismo no está dispuesta a seguir aceptando imposiciones ni discursos vacíos. El rechazo a Luque no fue casualidad: fue la expresión de un hartazgo político que crece puertas adentro del PJ.

Si el justicialismo de Madryn insiste en repetir los mismos errores, rodeándose de dirigentes cuestionados y alejados de la gente, todo indica que volverá a tropezar con la misma piedra. Y esta vez, quizá, la caída sea todavía más profunda.

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