El ajuste aplicado por el gobierno de Javier Milei continúa golpeando de lleno el bolsillo de los argentinos. En noviembre, el consumo en supermercados volvió a desplomarse y marcó la baja más pronunciada en casi dos años, un retroceso que también se replicó en mayoristas y centros comerciales, dejando en evidencia que la supuesta recuperación económica prometida tras las elecciones sigue sin aparecer.

Según los datos oficiales difundidos por el Indec a través de la Encuesta de Supermercados, las ventas en las grandes superficies cayeron un 3,8% respecto de octubre, en términos desestacionalizados. Se trata del peor registro desde diciembre de 2023, cuando comenzaron a sentirse con fuerza los efectos del plan de ajuste de shock impulsado por Milei al asumir la presidencia.

La serie, que corrige el impacto de feriados y la menor cantidad de días hábiles, muestra además que el nivel de consumo actual se ubica incluso por debajo del de enero de 2024, considerado hasta ahora el piso del derrumbe provocado por las políticas libertarias. En la comparación interanual, las ventas retrocedieron un 2,8%, la caída más profunda desde diciembre de 2024.

Lejos de tratarse de un fenómeno aislado, el deterioro se extiende a otros canales. El mismo informe del Indec reveló que las ventas en mayoristas se hundieron un 8,3% interanual en noviembre, un dato que desarma la idea de un simple corrimiento hacia los comercios de barrio. Si bien algunos analistas sugieren que la desaceleración inflacionaria podría haber reducido la necesidad de realizar compras grandes y anticipadas, los números muestran que esa explicación es, como mínimo, insuficiente.

La consultora Scentia aportó otro dato contundente: durante todo 2025, el consumo en autoservicios independientes prácticamente no creció (apenas un 0,1%), luego de haberse desplomado 13 puntos en 2024. Es decir, ni siquiera los comercios de cercanía lograron recuperar lo perdido.

El panorama se completa con lo ocurrido en los shoppings, donde las ventas cayeron un 2,3% interanual en noviembre, confirmando que la contracción del consumo atraviesa a toda la economía real.

Tras las elecciones, algunos intentaron justificar la baja de noviembre como un efecto de consumos adelantados en octubre, ante el temor de una devaluación brusca. Sin embargo, esa lectura optimista choca con la realidad: las ventas mayoristas crecieron apenas un 1,3% mensual, un rebote mínimo que no alcanza para revertir el derrumbe generalizado.

La interpretación más cruda —y también la más consistente con los datos— es que el freno deliberado de la actividad económica aplicado en los meses previos a los comicios no solo continuó, sino que se consolidó. La reactivación anunciada por el oficialismo sigue siendo, por ahora, un eslogan vacío.

Y las perspectivas no mejoran. Scentia informó que en diciembre el consumo masivo total cayó un 0,3% interanual y que 2025 cerró con un crecimiento marginal del 2%, una cifra insignificante frente al desplome del 14% registrado en 2024.

Con un gobierno obsesionado en reducir la inflación “a cualquier costo” para cumplir metas nominales, incluso a costa del consumo y del empleo, el horizonte para los próximos meses luce sombrío. Mientras Milei celebra planillas, la realidad cotidiana muestra góndolas cada vez más quietas y un mercado interno asfixiado por el ajuste.

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