El pollo se consolidó como la carne más consumida del país, de acuerdo con datos oficiales de la Secretaría de Agricultura. El consumo promedio alcanzó cerca de 50 kilos por habitante al año, un nivel que le permitió superar a la carne vacuna, cuyo consumo continúa en retroceso y, por primera vez desde que existen registros, se ubica en torno a los 47 kilos per cápita.

El cambio refleja una transformación en los hábitos de consumo de los argentinos, impulsada principalmente por factores económicos. Frente al aumento sostenido de los precios de la carne vacuna en los últimos años, muchas familias optaron por el pollo como una alternativa más accesible, versátil y de menor costo, sin resignar su aporte nutricional.

La tendencia descendente en el consumo de carne vacuna no es reciente. Desde 2016, cuando el promedio alcanzaba los 60 kilos por habitante al año, el indicador muestra una caída constante. En menos de una década, el consumo se redujo en alrededor de 13 kilos por persona, marcando un cambio significativo en un país históricamente identificado con la carne bovina.

Mientras tanto, la industria avícola logró sostener un crecimiento progresivo, favorecida por una mayor producción, una oferta estable y precios relativamente más competitivos. Este escenario permitió que el pollo ganara cada vez más espacio en la mesa de los argentinos, hasta convertirse en la proteína animal de mayor consumo a nivel nacional.

Los datos oficiales confirman así un cambio histórico en el patrón alimentario del país, donde por primera vez el consumo de pollo supera al de la carne vacuna, una situación que refleja tanto las nuevas preferencias de los consumidores como el impacto del contexto económico sobre las decisiones de compra.

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