Ante versiones recientes que cuestionan la apertura y el uso de los miradores de Caleta
Valdés, resulta necesario aclarar y contextualizar la situación con información verificable
y de interés público.
Los miradores de Caleta Valdés cuentan con entre 25 y 30 años de uso continuo, período
durante el cual nunca existió un reclamo formal vinculado a su utilización, acceso o a la
presencia de visitantes. Durante todo ese tiempo, el uso del recurso se desarrolló de
manera responsable, ordenada y respetuosa de la fauna, cumpliendo con las normativas
vigentes propias de un área natural protegida. Por el contrario, su apertura ha sido
históricamente valorada como una herramienta fundamental para el disfrute responsable
del territorio y el desarrollo del turismo de naturaleza.
Es importante señalar que la señora Susana Cereijo ocupó una silla dentro del armado del
Plan de Manejo del área, instancia en la cual tampoco se registraron objeciones ni
reclamos respecto al uso de los miradores. Muy por el contrario, el consenso técnico e
institucional siempre fue favorable a su funcionamiento bajo criterios de conservación,
control y uso responsable.
Asimismo, corresponde aclarar que las pasarelas, el mantenimiento, la cartelería y los
recursos operativos fueron históricamente provistos por el Ministerio de Turismo y Áreas
Protegidas, a través de la Administración del Área Natural Protegida Península Valdés,
garantizando condiciones adecuadas de seguridad, información al visitante y preservación
ambiental.
En relación a la situación actual, resulta fundamental aclarar que se vienen llevando
adelante negociaciones y diálogos formales con la señora Susana Cereijo, con el objetivo
de encontrar soluciones consensuadas que permitan continuar con el uso público de los
miradores y, al mismo tiempo, avanzar en las tareas de mantenimiento necesarias.
Sin embargo, de manera sorpresiva y sin instancias previas de ruptura del diálogo, de un
día para otro, y en medio de una tragedia que atraviesa a toda la comunidad —como son
los incendios en la cordillera, que hoy demandan atención, responsabilidad y unidad—, la
familia Ferro decidió cerrar el acceso de manera arbitraria, interrumpiendo
unilateralmente las negociaciones que se encontraban en curso.
Esta decisión resulta especialmente preocupante, no solo por el contexto crítico que vive
la provincia, sino porque corta de manera abrupta un proceso de diálogo que estaba en
marcha, generando un conflicto innecesario en un espacio que durante casi tres décadas
funcionó sin inconvenientes.
La consecuencia directa de este accionar es que actualmente no se permite realizar tareas
de mantenimiento, pese a que existe voluntad y recursos institucionales para hacerlo,
situación que luego es utilizada como argumento para cuestionar el estado del lugar.
Desde el ámbito institucional se considera fundamental:
Garantizar el acceso público responsable.
Preservar el valor ambiental y paisajístico del área.
Sostener criterios de gestión basados en el diálogo, los antecedentes y la normativa
vigente.
La apertura de los miradores de Caleta Valdés no es una novedad ni una irregularidad, sino
una práctica consolidada durante 25 a 30 años, respaldada por la gestión pública, el
respeto ambiental y sin antecedentes de reclamos formales.
Finalmente, se agradece al Ministerio de Turismo y Áreas Protegidas por la gestión
realizada que permitió, al día 13 de enero, la apertura de los miradores de Caleta Valdés al
público, garantizando el acceso responsable a este espacio de alto valor ambiental y
patrimonial.
Informar con claridad y responsabilidad es clave para evitar interpretaciones erróneas y
para resguardar un patrimonio natural que pertenece a toda la comunidad.
