Mientras millones de argentinos hacen malabares para sobrevivir a la crisis, el presidente Javier Milei impulsaría un aumento salarial que sería del 50% para sí mismo, además de incrementos para altos funcionarios del Gobierno.
Para los jubilados, los aumentos continúan siendo de miseria, absorbidos casi por completo por la inflación y el encarecimiento de medicamentos, alimentos y servicios. Para buena parte de los trabajadores, las paritarias apenas alcanzan incrementos del 2,5%, muy lejos de compensar la pérdida del poder adquisitivo.
Sin embargo, en la cima del poder, el discurso de “no hay plata” parece no aplicar. Sí hay plata para un aumento del 50% al Presidente, pero no para recomponer ingresos de quienes aportaron toda una vida. Sí hay recursos para los funcionarios, pero no para fortalecer la salud pública, la educación o los salarios que hoy quedan por debajo de la línea de pobreza.
El gobierno que prometía terminar con los privilegios de la “casta” termina replicando las mismas prácticas que decía combatir. El sacrificio es selectivo: se exige a jubilados y trabajadores, mientras el poder se blinda a sí mismo.
En tiempos de crisis, gobernar también es dar el ejemplo. Y cuando el Presidente se aumenta el sueldo un 50% mientras millones reciben migajas, el mensaje es claro: para la casta libertaria hay plata; para el resto, ajuste.
