La crisis del endeudamiento golpea con especial fuerza a los jóvenes. Según datos del Banco Central, cuatro de cada diez personas de entre 18 y 21 años se encuentran en situación de mora por créditos tomados durante el último año, un nivel inédito en las últimas dos décadas.
En octubre de 2025, la morosidad total de los hogares llegó al 7,8%, el registro más alto en veinte años. Sin embargo, entre los jóvenes la irregularidad escala al 41%, superando ampliamente los picos de la pandemia de 2021, el final del gobierno de Mauricio Macri en 2019 y la crisis financiera internacional de 2008-2009.
El deterioro se aceleró a partir de mediados de año, tras una etapa de expansión del crédito en 2024 y comienzos de 2025. La suba de tasas de interés, el aumento del costo de vida, la caída de los ingresos reales y la precarización laboral afectaron de manera directa la capacidad de pago. El crédito, utilizado para sostener gastos básicos, dejó de ser un alivio y pasó a convertirse en una carga.
Los préstamos personales presentan una morosidad del 9,9% y las tarjetas de crédito del 7,7%, con fuerte impacto en quienes solo pueden afrontar el pago mínimo. En el caso de las fintech, la mora trepa al 18%, muy por encima del sistema bancario tradicional.
Entre los jóvenes, la cantidad de personas con crédito se duplicó en un año, pero los montos son bajos: la mitad de los préstamos ronda los 145 mil pesos y se destina a cubrir gastos corrientes. Técnicos advierten que muchos jóvenes se endeudan para sostener economías familiares agotadas, trasladando la crisis de una generación a otra.
El endeudamiento juvenil aparece así no como una herramienta de progreso, sino como un síntoma de un modelo económico que empuja a los más jóvenes a sobrevivir a crédito, sin empleo estable ni ingresos suficientes.
