La aparición de ballenatos muertos en el norte de la provincia del Chubut generó preocupación en la comunidad y puso nuevamente el foco sobre el monitoreo sanitario de la población de ballena franca austral que cada año ocupa las aguas de la región.

En este contexto, el licenciado Víctor Fratto, especialista en Manejo de Fauna Silvestre y Biodiversidad, explicó que las autoridades y organismos científicos ya trabajan sobre muestras obtenidas de ejemplares muertos para determinar las causas de los decesos.

El especialista señaló que las investigaciones se desarrollan en el marco del Programa de Monitoreo Sanitario de Ballena Franca Austral, que lleva más de dos décadas de trabajo. Cuando se encuentra un ejemplar muerto, se realizan mediciones y, siempre que el estado del animal lo permite, se practican necropsias y se toman muestras que posteriormente son analizadas.

Fratto remarcó que los resultados científicos requieren determinados tiempos y que estos no necesariamente coinciden con la velocidad con la que circula la información en redes sociales.

Una hipótesis vinculada con la erisipela

Ante la magnitud de los hallazgos y la preocupación generada, algunas de las muestras fueron enviadas para su análisis antes del cierre de la temporada. De acuerdo con los resultados preliminares mencionados por Fratto, una de las hipótesis diagnósticas apunta a una bacteria asociada a la erisipela.

Esta enfermedad puede manifestarse en los ballenatos mediante alteraciones y lesiones cutáneas de características romboidales. También puede provocar una septicemia que derive en la muerte del animal.

Según explicó el especialista, hasta el momento se logró aislar esta bacteria en distintas muestras obtenidas de los ballenatos examinados.

Fratto indicó además que la bacteria vinculada con la erisipela forma parte del ambiente marino y puede encontrarse asociada a peces, moluscos y crustáceos. También recordó que existen antecedentes de episodios de mortalidad de cetáceos, principalmente delfines, relacionados con esta enfermedad en otras partes del mundo.

Sin embargo, aclaró que todavía resta determinar por qué durante esta temporada los ejemplares afectados son particularmente ballenatos y qué factores pudieron favorecer el desarrollo de la enfermedad.

No se detectaron, hasta el momento, causas vinculadas con la actividad humana

Uno de los aspectos destacados por el especialista es que, hasta el momento, no se ha encontrado una causa relacionada con actividades humanas.

La investigación continúa para establecer con mayor precisión qué factores pueden explicar la mortandad registrada y por qué la posible infección estaría afectando particularmente a ejemplares jóvenes.

Advierten sobre las comparaciones entre temporadas

Fratto también pidió cautela a la hora de comparar las cifras de ballenas observadas o los registros de mortalidad entre una temporada y otra.

Explicó que las ballenas que actualmente se encuentran en el Golfo Nuevo, el Golfo San José y el entorno de Península Valdés no necesariamente pertenecen al mismo grupo de ejemplares registrado durante la temporada anterior.

“Hay como una especie de rotación natural”, explicó, por lo que los números correspondientes a distintos años no pueden interpretarse directamente como si se tratara de la misma población presente en ambos períodos.

En ese sentido, recordó que el año pasado se registró un número récord de ballenas censadas, una cifra considerada extraordinaria, mientras que el relevamiento de la presente temporada se ubicaría dentro de los valores esperables para la población.

Por esa razón, señaló que tampoco resulta adecuado establecer comparaciones directas entre la cantidad de ballenas muertas de una temporada y otra.

El número de ballenatos muertos todavía es provisorio

Otro punto sobre el que se puso especial énfasis es que la cantidad de ballenatos muertos registrada hasta el momento es parcial y provisoria.

Antes de establecer una cifra definitiva, explicó Fratto, es necesario completar el relevamiento y descartar posibles repeticiones en los conteos. Difundir números parciales podría generar interpretaciones incorrectas sobre la magnitud del fenómeno.

“Los tiempos de la ciencia no son los tiempos de las redes sociales”, sostuvo el especialista al remarcar la necesidad de esperar los resultados de los análisis antes de extraer conclusiones.

Un trabajo conjunto entre científicos y organismos del Estado

La investigación se lleva adelante mediante un trabajo conjunto entre organizaciones científicas, universidades, institutos y organismos estatales.

Del monitoreo participan científicos, guardafaunas, guardaparques, técnicos y profesionales de distintas disciplinas, que intervienen en las tareas de relevamiento, toma de muestras, análisis y seguimiento sanitario.

Según destacó Fratto, esta articulación permitirá que, una vez obtenidos los resultados de los estudios, la información pueda ser comunicada con mayor precisión y sobre la base de evidencia científica.

Por el momento, la erisipela aparece como una hipótesis diagnóstica en estudio, mientras continúan los análisis destinados a determinar las causas de la mortandad y comprender por qué el fenómeno se está manifestando particularmente entre los ballenatos durante esta temporada.

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