La industria nacional opera un 10% por debajo del nivel de 2023 y las pymes enfrentan caídas en las ventas, problemas para cobrar y un endeudamiento creciente. La reforma del BCRA también reduce herramientas para orientar el crédito hacia el sector productivo.
El 2 de septiembre de 1587, un cargamento de tejidos y productos elaborados en el territorio que hoy es Argentina partió desde Buenos Aires rumbo a Brasil. Casi cuatro siglos y medio después, el Día de la Industria encuentra a la producción nacional con poco para festejar. Los datos del sector siguen al rojo vivo: la actividad industrial se ubicó, a mediados de este año, un 10% por debajo de 2023, con gran parte de las actividades operando con más de la mitad de sus recursos ociosos. A esto se suman caídas de hasta el 80% en la facturación, mientras la apertura importadora desregulada y el creciente contrabando golpean a la producción local. Todo ello ocurre en un contexto de acelerada destrucción de empresas y puestos de trabajo.
El panorama es especialmente crítico para las pymes industriales: cuatro de cada diez registraron caídas en su producción, más de la mitad vio reducidas sus ventas y un 30% disminuyó su dotación de personal, casi 10 puntos porcentuales por encima de la baja observada en el promedio general de las firmas. A la par, aumentaron la morosidad, los embargos y los incumplimientos en el pago de salarios, sin que hasta el momento se hayan implementado medidas concretas para revertir estos problemas.
Mientras desde el sector reclaman declarar la emergencia económica, productiva y laboral, advierten que, si no se revierte la situación actual, podrían perderse cerca de medio millón de puestos de trabajo en el conjunto de la economía al cierre de este año.
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Día de la Industria: poco para festejar
A casi tres años de la llegada de Javier Milei al Gobierno nacional, el Día de la Industria encuentra a la producción argentina con poco para festejar. La apertura importadora, la caída del consumo y el deterioro de las condiciones de financiamiento modificaron la composición del mercado interno: cada vez más productos que antes se fabricaban en Argentina llegan desde el exterior.
Al respecto, los últimos datos publicados por el Índice de Producción Industrial (IPI-INDEC) mostraron que la actividad industrial se contrajo un 2,2% durante el primer semestre de este año frente al mismo período de 2025 y todavía se encuentra un 11% por debajo de los niveles de 2022. Asimismo, distintos indicadores de la producción continuaron mostrando tendencias negativas: la producción de autos cayó un 18,0% acumulado frente a 2025 y un porcentaje similar respecto de 2022; los despachos de cemento retrocedieron un 3,0% y un 24,9%, respectivamente; y el Índice Construya/ventas de la construcción descendió un 0,6% y un 30,2%, en cada caso.
En la misma línea, según la II Encuesta de Indicadores Industriales que elabora el Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina (CEU-UIA), el 38% de las empresas encuestadas reportó disminuciones en la producción, mientras que el 45,5% continuó registrando caídas en las ventas, el 30,4% en las exportaciones y el 22,4% redujo su dotación de empleo. Entre las empresas que ya ajustaron personal, el 35,1% también redujo turnos y el 21,3% adelantó vacaciones.
En ese sentido, el informe destacó que “la caída de la demanda interna continúa siendo la principal preocupación, mencionada por una de cada dos empresas”.
A su vez, la situación es todavía más complicada para las pequeñas y medianas empresas del país. “El gran problema que tenemos las pymes industriales con respecto a la caída de la producción claramente se debe a la pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores”, señaló en diálogo con El Destape Daniel Rosato, presidente de Industriales Pymes Argentinos (IPA).
Para el empresario, el panorama “es crítico” y está marcado por “la falta de ventas que trae aparejada una caída fuerte en la producción”. Sobre este punto, puso el foco en “la pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores, el endeudamiento que tienen las familias con tarjetas de crédito y la gran morosidad que existe”. Todo ello, explicó, “perjudica al mercado interno y esto se transfiere directamente a todo el sector productivo de las pymes”.
Respecto de la capacidad instalada de la industria, en junio pasado se ubicó en el 59,1%, apenas por encima del nivel registrado un año antes (58,9%). Sin embargo, la mayoría de los sectores permaneció con un alto porcentaje de capacidad ociosa: edición e impresión utilizó apenas el 53,5% de su capacidad instalada; productos minerales no metálicos, el 51,8%; productos textiles, el 46,6%; productos del tabaco, el 46,3%; la industria automotriz, el 45,5%; metalmecánica, excepto automotores, el 41,5%; y productos de caucho y plástico, el 41,0%.
Sobre este punto, el informe de la UIA mencionó que “para el 65,7% de las empresas esta utilización estuvo por debajo del nivel considerado óptimo”.
De acuerdo con el Índice de Producción Industrial Pyme que elabora la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), la actividad manufacturera cayó un 7,8% interanual en mayo y acumuló una retracción del 11,3%. Todos los sectores relevados por este índice registraron fuertes caídas. Los más afectados fueron “Químicos y plásticos” (-21,3%), “Alimentos y bebidas” (-9,4%) y “Papel, cartón y edición” (-8,3%).

