Mientras el Gobierno de Javier Milei sostiene su discurso de recuperación económica, los datos laborales muestran otra realidad: el empleo privado registrado continúa en retroceso y los salarios todavía no logran recuperar el terreno perdido.
La economía argentina atraviesa una de sus principales contradicciones: mientras el Gobierno destaca la estabilización de algunas variables macroeconómicas, en el mercado laboral persisten señales que golpean directamente a los trabajadores.
El empleo privado registrado acumuló 12 meses consecutivos de caída, una secuencia que marca un período de retroceso particularmente prolongado. Entre mayo de 2025 y mayo de 2026 se perdieron alrededor de 135.400 puestos de trabajo registrados en el sector privado.
El dato vuelve a poner en el centro de la discusión una cuestión que el Gobierno todavía no logra resolver: la recuperación de la economía no se traduce de manera clara en una mejora de las condiciones de vida de los trabajadores.
Salarios: el poder adquisitivo sigue en el centro de la preocupación
La pérdida del poder adquisitivo continúa siendo uno de los principales problemas para los hogares argentinos.
Aunque la desaceleración de la inflación representa un cambio respecto de los niveles registrados durante la etapa más crítica de la crisis, eso no significa que los salarios hayan recuperado automáticamente todo lo perdido.
Para millones de trabajadores, la discusión cotidiana sigue siendo cuánto alcanza el sueldo frente al precio de los alimentos, los servicios, el alquiler, el transporte y otros gastos esenciales.
El problema es que una inflación más baja no necesariamente implica una mejora inmediata del ingreso real. Si los precios acumularon fuertes aumentos previamente y los salarios no recuperaron ese terreno, el trabajador puede seguir perdiendo capacidad de compra aun cuando la inflación mensual sea menor.
Menos empleo y más incertidumbre
La caída sostenida del empleo privado agrega otro elemento de preocupación.
Detrás de cada puesto de trabajo perdido no hay solamente una cifra estadística. Hay ingresos familiares que desaparecen, consumo que se retrae y hogares que deben recurrir a otras fuentes de financiamiento para sostener sus gastos.
La situación también afecta al comercio y a las pequeñas y medianas empresas, que dependen en buena medida del consumo interno.
La pregunta que surge entonces es inevitable: ¿puede hablarse de una recuperación económica sólida si el empleo registrado continúa cayendo durante un año?
El costo oculto de la deuda
A la pérdida de poder adquisitivo y al deterioro del empleo se suma otro fenómeno: el crecimiento del endeudamiento de los hogares.
Cuando el salario deja de alcanzar, muchas familias recurren a tarjetas de crédito, préstamos personales y otras formas de financiamiento para cubrir gastos corrientes.
Pero ese mecanismo tiene un límite. Las altas tasas de interés pueden transformar una deuda relativamente pequeña en una carga difícil de afrontar, y la morosidad termina siendo la consecuencia de un ingreso que no alcanza.
Así, el círculo se vuelve cada vez más difícil de romper: menos poder adquisitivo, más endeudamiento y mayores costos financieros.
Un Gobierno que debería escuchar las señales
El Gobierno de Milei sostiene que el orden macroeconómico es la condición necesaria para una recuperación sostenible. Sin embargo, para los trabajadores esa recuperación todavía no aparece con la misma claridad que en el discurso oficial.
El desafío es que los indicadores económicos no queden reducidos a cifras que solamente puedan comprenderse desde una oficina ministerial.
Porque detrás del empleo, los salarios y el consumo hay personas.
Y mientras el Gobierno celebra determinados resultados, una parte importante de la sociedad todavía espera que la recuperación llegue al bolsillo.
La pregunta ya no es solamente si la economía está mejorando. La pregunta es para quién está mejorando.
Si el empleo privado continúa retrocediendo, si el salario no recupera su poder de compra y si cada vez más familias necesitan endeudarse para sostener su nivel de vida, el Gobierno debería prestar atención a esas señales.
Porque una economía puede mostrar estabilidad en los grandes números, pero si esa estabilidad no se transforma en empleo, mejores salarios y mayor capacidad de consumo, difícilmente pueda ser percibida como una mejora por quienes viven de su trabajo.

