La senadora de La Libertad Avanza, Patricia Bullrich, volvió a generar polémica al cuestionar la existencia misma del Programa de Asistencia Médica Integral (PAMI). Con una frase que dejó al descubierto su mirada mercantilista sobre los derechos sociales, aseguró que “cuando tenés todas personas grandes en un seguro de salud, no es un seguro, es un gasto”, calificando al organismo como “un error”.
Detrás de esta definición, que reduce la salud de los adultos mayores a una simple ecuación contable, Bullrich propuso un cambio estructural: desmantelar el PAMI y transferir los aportes de los jubilados a las obras sociales sindicales. Según su visión, la medida permitiría recortar gastos del Estado. Lo que no aclara es que esa decisión implicaría dejar librada a su suerte a una población que depende del organismo para acceder a medicamentos, tratamientos y prestaciones básicas.
Convertir un derecho en un costo
La senadora reforzó su postura con una comparación que rozó lo ofensivo: describió al PAMI como “una compañía de seguros donde todos los autos chocan”. La metáfora, además de deshumanizante, revela hasta qué punto concibe a los adultos mayores como un problema económico a resolver, y no como sujetos de derecho.
Incluso admitió que las obras sociales sindicales suelen “sacarse de encima” a los afiliados cuando cumplen 60 o 65 años, lo que vuelve aún más incomprensible su propuesta de trasladar allí los fondos de millones de jubilados.
Cinco millones de personas en riesgo
Más allá de sus falencias históricas, el PAMI sigue siendo hoy la única cobertura médica de más de cinco millones de jubilados, pensionados y familiares a cargo. De su funcionamiento dependen tratamientos crónicos, medicamentos gratuitos, prótesis, estudios y atención especializada que no podrían sostener de manera individual.
En un contexto marcado por jubilaciones deterioradas, recortes de prestaciones y crecientes dificultades para acceder a la salud, la idea de desmantelar el organismo no supone una reforma: supone un golpe directo al corazón del sistema de protección social.
Una propuesta que genera temor más que soluciones
Lejos de aportar alternativas superadoras, las palabras de Bullrich reavivaron el temor de millones de adultos mayores que ven amenazado el único sostén sanitario que tienen. Su planteo no discute cómo mejorar el PAMI: discute si debe existir.
En un país donde la población envejece y las desigualdades se profundizan, proponer que los jubilados sean absorbidos por un sistema que ya los expulsa no es una política: es un retroceso que desnuda una visión que considera al envejecimiento no como una etapa de la vida, sino como un “gasto” que conviene eliminar del balance estatal.
Página 12
