Las consecuencias sociales del modelo económico impulsado por el gobierno de Javier Milei comienzan a quedar expuestas en la estructura de ingresos de los hogares argentinos. Según un informe de la Fundación Encuentro y la consultora W, el 78% de las familias del país se ubica en los segmentos de clase media baja o clase baja, con ingresos mensuales inferiores a los 2,8 millones de pesos.

El dato revela la dimensión de una crisis que golpea especialmente a los sectores populares y a una parte significativa de la clase media. La clase baja concentra por sí sola al 50% de la población, con ingresos inferiores a 1,4 millones de pesos mensuales.

En el extremo opuesto, apenas el 5% de la población integra la clase alta, con ingresos mensuales desde los 7,5 millones de pesos. La enorme distancia entre ambos sectores pone en evidencia una creciente desigualdad y una distribución profundamente asimétrica de los ingresos.

Mientras el Gobierno de Milei sostiene que el rumbo económico permitirá alcanzar una recuperación y una mejora sostenida de las condiciones de vida, los datos sobre la situación de los hogares muestran una realidad mucho más compleja: millones de familias continúan enfrentando ingresos insuficientes para sostener un nivel de vida digno.

El desafío, por lo tanto, ya no se limita a los indicadores macroeconómicos. El verdadero interrogante es quiénes están pagando el costo de la transformación económica y cuánto tiempo podrán resistir los sectores que quedaron en la parte más vulnerable de la estructura social.

Los números reflejan una Argentina cada vez más desigual, donde una amplia mayoría de las familias se encuentra en los niveles inferiores de ingresos mientras una pequeña minoría concentra los recursos más elevados. Para el gobierno de Milei, esta realidad constituye uno de los principales costos sociales de su programa económico.

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