En los últimos 30 días, el precio de los combustibles registró un aumento acumulado cercano al 12% en todo el territorio nacional, en una seguidilla de incrementos que volvió a golpear con fuerza el bolsillo de los argentinos y que comienza a reflejarse en distintos sectores de la economía.
Los reiterados ajustes en el valor de la nafta y el gasoil se producen en el marco de la política de liberación de precios y desregulación del mercado energético impulsada por el gobierno nacional encabezado por el presidente Javier Milei. Bajo este esquema de “libertad de comercio”, las petroleras aplican aumentos de manera escalonada y sin una comunicación oficial previa por parte del Ejecutivo nacional.
Esta dinámica genera incertidumbre en consumidores y comerciantes, ya que los incrementos se concretan de forma reiterada y sin anuncios formales, lo que dificulta la previsibilidad de costos tanto para las familias como para distintos sectores productivos.
El impacto no se limita únicamente al costo de cargar combustible. La suba de la nafta repercute directamente en el precio de los alimentos y en toda la cadena logística, debido a que el transporte de mercaderías depende en gran medida del gasoil y otros combustibles. De esta manera, cada incremento termina trasladándose a los precios finales en góndola.
Economistas y referentes del sector comercial advierten que esta situación profundiza el deterioro del poder adquisitivo, especialmente en un contexto de caída del consumo y aumento sostenido del costo de vida. Para miles de hogares argentinos, el combustible ya representa un gasto cada vez más difícil de afrontar, especialmente para quienes dependen del vehículo para trabajar o movilizarse diariamente.
En este escenario, distintos sectores cuestionan que el proceso de liberalización de precios avance sin mecanismos de control ni información oficial clara, lo que, según advierten, termina generando un fuerte impacto en la economía cotidiana.
Mientras tanto, los aumentos continúan acumulándose mes a mes y el encarecimiento del combustible sigue presionando sobre toda la estructura de precios, profundizando las dificultades económicas que atraviesan amplios sectores de la sociedad argentina.
