La discusión sobre el proyecto que flexibiliza el régimen de extranjerización de tierras sumó un nuevo capítulo de fuerte confrontación política. Desde el bloque de Unión por la Patria en el Senado, el formoseño José Mayans lanzó duras críticas contra la iniciativa impulsada por el oficialismo y advirtió que su aprobación representaría un avance sobre la soberanía nacional y los recursos estratégicos del país.
El presidente del bloque justicialista sostuvo que la propuesta «vende el país» y cuestionó la falta de información pública sobre el alcance de la norma. «El pueblo tiene derecho a saber de qué se trata. La gente no está entendiendo la gravedad de este tema. Se apropian de los campos productivos, de los alimentos, de los precios, de todo. Quieren lograr la enajenación del país», afirmó.
Las declaraciones reflejan uno de los principales cuestionamientos de la oposición: que una mayor apertura a la compra de tierras por parte de capitales extranjeros podría profundizar la concentración de la propiedad, afectar el control sobre zonas productivas y comprometer recursos considerados estratégicos, como el agua, la producción de alimentos y territorios de valor geopolítico.
En ese contexto, Mayans aseguró que la votación en la Cámara alta se definirá por un margen muy estrecho. «En total somos 25 en nuestro bloque y nadie votará a favor. Tengo entendido que somos alrededor de 34 o 35 senadores. Estamos a un voto de los 36, que significan un empate», explicó, al describir un escenario de máxima paridad legislativa.
Con ese panorama, el oficialismo enfrenta una negociación compleja para reunir los apoyos necesarios, mientras la oposición busca consolidar un bloque de rechazo que impida la aprobación del proyecto. La definición, según reconocen distintos sectores políticos, dependerá de un reducido grupo de legisladores cuyo voto podría inclinar el resultado final.
El debate reabre una discusión histórica en la Argentina sobre los límites a la adquisición de tierras por parte de extranjeros, un tema que enfrenta dos visiones contrapuestas: quienes sostienen que una mayor apertura favorecerá las inversiones y el desarrollo productivo, y quienes advierten que una flexibilización excesiva puede derivar en una pérdida de control sobre recursos naturales, territorios estratégicos y la soberanía nacional.

