Kevin Agustín “Oreja” Quiroga es señalado como el líder de una organización criminal que protagonizó violentos asaltos en distintos sectores de Trelew. El grupo realizaba tareas de inteligencia sobre sus posibles víctimas y estudiaba previamente sus movimientos, horarios y medidas de seguridad antes de concretar los ataques.
La fuga de Quiroga del Instituto Penitenciario Provincial (IPP) generó un fuerte operativo policial, debido a sus antecedentes y al temor de que pueda volver a delinquir para obtener recursos que le permitan mantenerse prófugo.
El delincuente fue condenado en septiembre de 2024 mediante un juicio abreviado. En ese proceso aceptó una pena de 6 años y 8 meses de prisión y fue declarado reincidente. La investigación permitió establecer su participación como cabecilla de una banda junto a su hermano, Sergio Jonathan Gil, quien recibió una condena de 5 años y 9 meses.
También fueron sentenciados otros integrantes del grupo: Gilberto Jesús “Gibi” Jones, a 3 años y 7 meses de prisión, y Nicolás Antonio “El Porteño” Salto, quien recibió 4 años y 2 meses y también fue declarado reincidente. Federico Martín Acosta fue el quinto acusado dentro de la investigación.
La causa estuvo a cargo de la fiscal Julieta Gamarra, quien logró reconstruir el funcionamiento de la organización y acreditar que sus integrantes seleccionaban previamente a las familias que serían atacadas. Mientras preparaban nuevos golpes, en algunos casos ya estaban concretando otros hechos delictivos.
La banda tenía un mecanismo de actuación definido. Sus integrantes ingresaban durante la noche a viviendas de Trelew, generalmente armados y de manera sorpresiva, buscando aprovechar situaciones en las que las víctimas se encontraran en condiciones de vulnerabilidad. Entre sus principales objetivos había mujeres adultas.
Los delincuentes conocían previamente las características de las viviendas, los horarios de sus habitantes y la ubicación de cámaras de vigilancia. Para reducir los riesgos durante los robos utilizaban equipos de comunicación y contaban con personas encargadas de alertar ante la presencia policial.
Los ataques se caracterizaban por un elevado nivel de violencia. Las víctimas eran reducidas, atadas y amenazadas con armas de fuego, mientras los asaltantes actuaban en grupo para garantizar una clara superioridad numérica.
La investigación determinó que varios de los acusados ya contaban con antecedentes y condenas previas. Además, para desplazarse durante los robos utilizaban vehículos sustraídos que no fueran fácilmente asociados con ellos.
Según las pruebas reunidas en la causa, la organización concretó al menos tres asaltos durante julio y agosto de 2023: el 18 de julio, el 1° de agosto y el 13 de agosto. En esos episodios, los habitantes de las viviendas fueron sometidos y amenazados, llegando los delincuentes a apuntarles con armas a la cabeza.
Las intervenciones telefónicas realizadas durante la investigación resultaron determinantes para reconstruir la actividad de la banda y establecer el vínculo entre sus integrantes y los distintos hechos investigados.
Fuente: Diario Jornada

